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Lecturas relajantes

Le regalé mi último libro, La mirada del corazón, a mi dentista. Me solucionó un serio problema de la boca, y aunque no es nada barata, quise tener un detalle con ella. La última vez que fui a revisión me dijo que ya se lo había leído y le había encantado. Se lo llevó a la playa, a finales de junio, y me explicó que le había relajado un montón. Se lo iba a prestar a su madre, y esto último me pareció una buenísima señal, porque a las madres, evidentemente, les damos cosas buenas. Regalo la mayoría de mis libros a familiares, amigos y compromisos, con intención de relajar al personal.

Leemos libros que nos entretienen, que nos ilustran, que nos evaden, pero en un mundo estresante qué maravilla si encima nos ayudan a aliviar el estrés. Creo que es el objetivo cumplido de mi creación literaria, sumar al entretenimiento la posibilidad de llegar a ser terapéuticos. Además de los poemas y los pensamientos, los haikus o poemas breves japoneses, que con pocas sílabas dicen mucho. El trasfondo puede llevarnos a imágenes bellas. Estos poemas cortos, llamados landays en Afganistán, son usados por las mujeres, que los recitan o cantan incluso para huir de su día a día, que se está convirtiendo en una pesadilla, despojadas de dignidad y derechos.

Hay quien me ha comentado, no obstante, que son demasiado intensos o profundos, que dan que pensar o incluso hay quien me ha sugerido no entender algunas partes del libro, no captar lo que he querido expresar. Y, sinceramente, no creo que sea misión imposible llegar a que nos exprese o evoque algo, aunque solo sea sonoridad. De cualquier forma, son pocos los lectores a los que les cuesta evadirse con los poemas, pensamientos o haikus. Los que gozan con el libro, afortunadamente, son mayoría. Y me dicen, incluso, que lo leen y releen. Y en última instancia hay quien ha escogido uno o varios poemas para ilustrar un evento o reunión literaria o actividad de lectura colectiva. A todos ellos, mi gratitud, porque los libros escritos no tienen sentido si no se leen. También gustan las dedicatorias que pongo: en los cuatro libros que llevo editados no he repetido ninguna y procuro personalizarlas. Cada lector es único e irrepetible.

AMo Ruiz Administrador fincaas

Les pongo un ejemplo que es una imagen en sí: “La hierba se tapa con la escarcha, cuando el verano es solo un… recuerdo”. En este pensamiento, cita poética o como quieran llamarlo, encontramos además de recursos literarios, que no voy a detallarles, un resquicio que nos lleva al otoño, al paso del tiempo, reflejado en las estaciones. Pero también es una muestra de lo efímero de la vida.

Para unos será una imagen de sosiego, otros no querrán ni oír hablar de ello, que la vida son dos días y no hay que estar mareando la perdiz. A unos y otros, por supuesto, respeto máximo: cada uno percibe la vida como le da la gana; reflexionando en ocasiones, tirando de adrenalina o simplemente dejándolo estar.

En cuanto a las lecturas, hay quien necesita suspense, casquería, sexo, violencia, dramas o risas. Quieren leer e interpretar lo que leen al instante. Eso de comparar la escarcha, algo frío, con una manta, volviendo a mi ejemplo, puede ser un sinsentido, según se mire; una pérdida de tiempo, quizá. Cito a Paul Auster: “La verdadera vida tiene lugar en nuestro interior”. Por supuesto lo suscribo al cien por cien, y es la poesía lo que mueve esa vida interior, de dentro hacia afuera y viceversa.

A mi humilde entender, ambas formas de lectura pueden ser totalmente compatibles; según el momento. Los libros nos llevan a una fantasía no exenta de sorpresas. Quedarse abstraído mirando la hierba a primera hora de la mañana, en esos meses de octubre o noviembre, cuando las noches son más largas y frías, cuando ya hemos olvidado el verano pasado, incorporados a nuestras obligaciones y rutinas, puede ser un ejercicio cuando menos relajante, aunque sé que habrá quien lo encuentre deprimente, porque no le guste el otoño, ni haber dejado atrás el verano.

De cualquier manera, en la escuela yo intenté motivar a mis alumnos para que llegaran a esa otra visión poética de las cosas. Los alumnos eran los primeros sorprendidos cuando leían sus propias creaciones: no se veían capaces de llegar a la poesía porque nunca lo habían intentado.

Soy de la opinión que la vida sin exceso de adrenalina puede vivirse sin problemas, pero sin poesía o sin encontrar el lado poético más difícilmente. Porque lo poético es emoción y la emoción lo que nos distingue y nos hace humanos. Aquí va otro ejemplo de lo que pueden encontrar en mis libros, y de corazón espero y confío en que se dejen llevar por las libélulas del poema y disfruten, aunque sea un instante, de otra percepción de la realidad. Va por ustedes.

Si miro cada minuto / las libélulas que pasan, / que se posan en tu pelo, / cuando el sol las acompaña, / y se encienden los destellos, / creo que la vida respira / con un aliento sincero, / con amor y en… esperanza.

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