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La receta social, una propuesta innovadora

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Acudimos al Centro de Salud de San Cristóbal de los Ángeles para conocer mejor esta iniciativa orientada al cuidado de la salud y el bienestar del vecindario

Es cosa sabida que la sociedad en la que vivimos y el tipo de vida que llevamos influyen en nuestra salud. Si desarrollamos esta idea, hallaremos que los fármacos pueden ser un remedio rápido pero temporal para algunos de nuestros padeceres, y que una solución real pasaría por ir a la raíz del problema y hacer cambios en nuestra vida cotidiana. En este campo, el Centro de Salud de San Cristóbal de los Ángeles lleva ya tiempo trabajando en un método innovador:
la receta social.

Para conocer mejor esta iniciativa, que ha sido la protagonista de la II Feria de Salud Comunitaria celebrada en San Cristóbal el pasado 10 de abril, me he acercado por el centro de salud. Allí me han recibido Sandra Ursa, trabajadora social de los centros de salud de San Cristóbal de los Ángeles y Ciudad de los Ángeles; Eros Ferrando, director del centro; e Irma Sánchez, coordinadora de la Asociación Educación, Cultura y Solidaridad de San Cristóbal. Todos ellos participan en la Mesa de Salud y Género de San Cristóbal, espacio de coordinación que lleva trabajando desde el año 2004 con diferentes espacios y formatos en un proceso comunitario muy vinculado con los temas de salud y mujer y que es el impulsor de esta interesante medida.

Irma nos proporciona una primera definición: “La receta social es una forma de cuidarnos y de cuidar nuestra salud. Somos conscientes de que para muchas de las dolencias que tenemos necesitamos la medicación, pero hay una parte muy conectada a todas estas dolencias: la situación social, socioeconómica, sociofamiliar y socioeducativa que están viviendo muchos de los vecinos y vecinas. Es ahí desde donde entra la receta social: es acompañar en el bienestar del vecindario no solo con la parte médica que necesitan, sino también ofreciendo unos recursos sociales que pueden ayudar a dicho bienestar”. Desde el punto de vista médico, Eros coincide: “En el centro de salud veíamos que había pacientes muy frecuentadores de la consulta. Hoy en día la sociedad tiene el concepto de que tenemos una pastilla para todo, pero observamos que el problema iba a más. Entonces analizamos la situación en la Mesa de Salud y Género y resumimos las que por nuestra experiencia parecían las cuatro necesidades más importantes que tiene la población de nuestro barrio: la soledad no deseada, el empleo, problemas de castellano y para la gente joven sobre todo recursos de salud afectivo-social. Así pues, en esa receta que ofrecemos al ciudadano le señalamos los recursos a los que pueden dirigirse. El objetivo es quitar medicación, es decir, que no para todo en la vida hay que tomar un medicamento, con el que muchas veces queremos la solución y lo que hacemos es poner un parche”.

Irma da más detalles sobre el proceso: “En 2014 llegó al barrio un proyecto de intervención comunitaria intercultural, el proyecto ICI. En ese marco se estuvo haciendo un diagnóstico de las necesidades que había en el barrio. A raíz de ese estudio, en el que participó gran parte del vecindario y entidades de San Cristóbal, salió una programación comunitaria. Había una gran preocupación sobre todo con el tema de los cuidados, y en esa línea salió la receta social: cuando un vecino acude a su consulta hay mucha confianza en esos profesionales para contarles todas sus necesidades. Y estos profesionales a la vez, para los vecinos, son toda una autoridad, por lo que si les hacen una recomendación se considera que también se les va a hacer más caso. Entonces se vio que era una oportunidad que fueran esos mismos profesionales los que hicieran esas recomendaciones. Desde ahí comenzamos a trabajar todo el tema de la receta social, a partir del 2014-15”.

receta social
De izquierda a derecha, Sandra Ursa, Irma Sánchez y Eros Ferrando. R.B.T.

Como una receta convencional

El diseño de la receta social imita a una convencional, aunque, como dice Eros, “No es un principio activo, no es una medicación”. “Es un recurso social, una entidad que está trabajando en el barrio o en el Distrito que está vinculada a la necesidad que pueda tener esa persona, que puede ser una circunstancia de empleo, una dificultad con sus hijos menores, un problema de idioma…”, apunta Irma. Y Sandra añade: “Es un formato sencillo, en forma de receta. Como estamos en un centro de salud queríamos imitar eso, y muy concreto, con direcciones y teléfonos para que el paciente pueda acceder allí”. Irma asiente: “En el diseño de la receta se creó algo que fuera muy similar para que la gente lo pudiera identificar; elegimos las temáticas en las que veíamos que había recursos que podían abordarlas y de las que más se volcaban dentro de las consultas y empezamos a trabajar con los profesionales del centro. Estuvimos haciendo un proceso de formación con todos los profesionales que había aquí para que conocieran cada recurso, para que supieran dónde recomendar y qué recomendar”.

Tras la formación, se lanza la iniciativa. Sandra lo evoca: “En el año 2019 hicimos la primera Feria de Salud, donde la receta estuvo presente, y recuerdo que luego la Gerencia nos dio un premio como idea innovadora para el cuidado de las personas”. Continúa Irma: “El Ayuntamiento de Madrid también nos dio un premio en reconocimiento a proyecto innovador, y desde diferentes lugares nos han llamado muchas veces para conocer la iniciativa y ver si se podía implementar en otros sitios. La ventaja que hemos tenido en San Cristóbal es que siempre ha habido una base de trabajo comunitario muy fuerte. Luego tuvimos el parón de la pandemia, y después, por las circunstancias en las que estaban los centros de salud y las prioridades en ese momento, no pudimos retomarlo inmediatamente. Finalmente, cuando la situación con la COVID se estabilizó un poco y pudimos recuperar la iniciativa, había que empezar otra vez de cero, ya que la plantilla había variado. Ahora lo hemos retomado, el centro de salud otra vez se puede dedicar al trabajo comunitario en ese sentido, y estamos muy contentas”.

Ahora, me comenta el director del centro de salud, se abre la fase de comprobar el impacto que tiene esta medida, evaluar si está siendo eficaz o necesita algún ajuste. En cualquier caso, Eros observa claros “pros” de la receta social: “Antes a menudo detectábamos el problema pero no sabíamos dónde derivar, teníamos que buscar por internet o a través de experiencias personales o de otros compañeros. La utilidad de esta receta a nivel profesional es que sabemos a qué recurso derivar, lo que nos supone un apoyo en el día a día, y además al tener identificados esos problemas hacemos una búsqueda más activa”. Y Sandra apunta: “Hay que añadir que también es una línea estratégica del SERMAS. Las intervenciones comunitarias forman parte de nuestro trabajo, por tanto doble misión en materia de receta: ayudar a la población y cumplir los objetivos que el SERMAS nos marca”. En cuanto a los pacientes, Eros explica que, aunque en algunos casos hay que convencerles por la novedad de la medida, en general “todo el mundo que va a los recursos está encantado”, lo que abre la puerta al siguiente paso: que por el “boca a boca” los propios pacientes vengan a la consulta demandando el recurso. Irma insiste en esa idea en su conclusión: “Yo les diría a los vecinos y vecinas que se animen a preguntar a sus profesionales del centro de salud por la receta social”.

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AMo Ruiz Administrador fincaas

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