No pensé que me fuera a reír tanto. Al irme me oyeron. La mesera rubia del nuevo restaurante La Gallega tenía un moño largo, descolorido y ficticio, y cada vez que se le caía la cucharita barría el piso y el postre de Natilla Carretera con él. Luego del tercer intento estaba listo, servido al fin y con un toque de gris.
¿A la orden?
Tres cucharitas



