A lo largo de mi vida he leído, visto y escuchado cosas asombrosas, pero la historia que me dispongo a contar tal vez lo supere todo. Debido a una serie de acontecimientos fortuitos que ahora no vienen al caso, di con un conocido de mi padre, el cual en su lecho de muerte, poco antes de que ésta acaeciera, me narró con voz temblorosa pero lúcida lo mal que lo habían pasado él y su esposa en los últimos años.
Ambos eran muy ancianos y por lo tanto muy vulnerables ante cualquier contratiempo, y por desgracia uno de estos contratiempos se repitió de forma periódica, ya que en poco espacio de tiempo habían entrado a robarles varias veces y curiosamente siempre eran los mismos ladrones: dos jóvenes que, después de amordazarlos a él y a su mujer les robaban todo lo que tenían en casa. Las últimas veces no se conformaron con eso, y después de golpearlos les obligaron a sacar una fuerte suma de dinero que tenían en sus cuentas bancarias y la cual habían ido ahorrando durante toda su vida. De la noche a la mañana se vieron casi sin dinero, desvalidos y atemorizados y sin nadie a quien acudir, ya que no tenían hijos ni familiares.
Encontrándose en esta situación de desesperanza acudió un día a su hogar una pareja de mediana edad que respondían a los nombres de Isabella y de Emmett. Se ocuparon de ellos, los cuidaron de forma fraternal y además de ayudarlos económicamente les ofrecieron su cariño y cuidados de forma desinteresada. No eran pocas las noches que se quedaban a dormir con los ancianos si los veían mal, y no dudaban en avisar a emergencias si la cosa requería de ayuda urgente especializada. Eso sí, las llamadas siempre las hacían desde los móviles de los ancianos y poco antes de que vinieran las ambulancias desaparecían para aparecer una vez que volvían a estar solos. El conocido de mi padre no recuerda haberles facilitado la llave de su vivienda en ningún momento, sin embargo entraban y salían cuando estimaban oportuno. Se encargaban incluso del aseo personal de los octogenarios.
Durante todo el tiempo que tuvieron trato con ellos les hacían constantes preguntas sobre los asaltantes y ellos les daban tantas referencias como podían. En esta guisa estuvieron, según me comentó el hombre, del orden de un par de meses, hasta que una noche les metieron en su propio coche a él y a su mujer, tampoco recuerda haberles dejado las llaves del mismo, el caso es que después de un largo trayecto los llevaron a un polígono industrial donde los metieron en una enorme y diáfana nave. Al fondo de la misma había una manta que cubría algo; cuando Isabella la descubrió después de que Emmett iluminara el lugar, aparecieron los dos atracadores que les habían robado en innumerables ocasiones, solo que yacían muertos: les habían seccionado el cuello y presentaban sendas muecas de horror en sus rostros. Les dijeron a los ancianos que a partir de ese momento ya podían quedarse tranquilamente en casa, puesto que los delincuentes no volverían a molestarles.
Nada más volvieron a saber de Emmett y de Isabella, ya que los llevaron a casa y después de despedirse emotivamente desaparecieron de sus vidas. Según me contaba esta historia, brotaron lágrimas en los ojos del conocido de mi padre, tal era el afecto que cogieron a la pareja de desconocidos. He investigado al respecto, pero nada más he adivinado de Isabella y de Emmett, tan solo que aparecen de la nada para dar afecto a las víctimas y castigo a los delincuentes.


