James Hillman (psicólogo estadounidense) apuntaba que “el carácter construye una vida, independientemente de lo oscura que sea y de las pocas luces que vengan de las estrellas”. Sin intención, por supuesto de enmendarle la plana, añadiría que influye además del carácter la necesidad, como sucedía con el Lazarillo de Tormes, al cual el hambre agudizaba su ingenio.
Tuve la suerte de conocer a una alumna que, ante la familia horrible que le tocó en la lotería de la vida, centró sus esfuerzos en estudiar y formarse, para poder huir de su entorno lo antes posible. Yo animaba a todas mis alumnas a no depender económicamente de nadie en su futuro, pues se ha demostrado que la dependencia económica de la pareja masculina puede derivar en maltrato.
Hubo otros alumnos que, criados también en ambientes desfavorecidos (les recuerdo que ejercí de maestra en un centro escolar designado de difícil desempeño durante 28 cursos), se abandonaron y no acabaron muy bien. Para la alumna consciente, su voluntad y determinación le ayudaron a salir adelante muy bien y a realizarse a nivel personal y profesional. Supo hacer limonada con los limones que le tocaron. Evidentemente, no fue el único caso de superación que en tantos años de docencia conocí. Trascender la realidad es privilegio de algunos, otros sobreviven y el resto malviven.
Cada día nos reporta una sorpresa y uno o varios aprendizajes, a poco que tengamos los ojos y oídos atentos, la mente lúcida, receptiva. Lo que para unos es tragedia o mala suerte, para otros es oportunidad de superarse. Eso se comprobó en la pandemia y se ratifica en cualquier catástrofe.
Cada cierto tiempo, releo un librito alucinante, escrito por una autora poco conocida, lo que en mi caso suele ser la tónica: leer a escritores poco conocidos que me aportan mucho. El libro en cuestión vino a mí; al pasar por una librería no pude dejar de mirarlo y me resultó tan sugerente su título que, por supuesto, lo adquirí. Se titula Todo pasa por algo, y su autora es Mira Kirshenbaum. Llamó mi atención desde el primer momento, porque necesitaba su mensaje, evidentemente.
Lo que nos sucede a cada uno en nuestra trayectoria vital tiene un propósito, una finalidad que, aunque en un primer momento no lo identifiquemos, es un recurso de la vida para impulsarnos a mejorar, a superarnos, en definitiva para aprender, y esos aprendizajes pueden ir desde hacernos más fuertes, más sociables, más reflexivos… La lista es larga, según nuestras carencias. Porque si hay algo claro es nuestra “obligación” de avanzar. Normalmente son desafíos que nos surgen para desarrollar aptitudes personales que habitualmente tenemos dormidas por comodidad, dejadez, inercia, pereza…
Diferenciar a cada paso el pulgar hacia arriba o hacia abajo, dejándose ayudar, pidiendo esa colaboración si es preciso, priorizando lo importante. Pero, sobre todo, teniendo la voluntad de avanzar. No se trata de buenismo ni de estar constantemente beautiful. Es pura supervivencia. ¡Avancemos!



