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Urgencias no es Google

A las tres de la mañana, con el móvil en la mano y el corazón un poco acelerado, escribir en Google “dolor en el pecho” no suele tranquilizarnos mucho que se diga. Al contrario: en cinco minutos pasamos de un mal gesto a pensar que nos queda poco tiempo de vida. Y ahí es cuando nos surge el gran dilema: ¿voy a urgencias o me espero a ver si se me pasa? ¡Quizás mañana pueda pedir cita en el centro de salud! Por cierto, otra odisea… Pero ése es otro melón que abriremos más adelante.

Urgencias no es Google, ni GPT, ni Gemini ni otros similares tan en boca de todos de un tiempo a esta parte. Ni debería serlo. Pero tampoco es un lugar al que haya que tener miedo o vergüenza de acudir. El problema está en no saber cuándo sí y cuándo no acudir.

Se atienden situaciones que no pueden esperar: dolor torácico opresivo, dificultad para respirar ante mínimos esfuerzos, pérdida de conciencia, debilidad brusca de un lado del cuerpo, sangrados importantes, fiebre alta con mal estado general, traumatismos serios, convulsiones… Ahí no se duda: se va y punto.

Pero también llegan muchos “miedos” que no siempre son urgentes: dolores que llevan días, fiebre que cede con el antitérmico, golpes leves, catarros eternos, molestias digestivas conocidas… No son “tonterías”, son preocupaciones legítimas para cada uno y muy respetables. Solo que muchas veces éstas sí pueden esperar y no necesitan acudir a las urgencias de un hospital. Porque saturar el servicio afecta a todos, y lo último que queremos es que quien de verdad lo necesita tenga que esperar.

La clave está en conocernos y aprender a reconocer señales de alarma. Y, sobre todo, confiar en la Atención Primaria: el centro de salud no es el plan B, es el lugar donde se valoran síntomas, se hace seguimiento y se evita que lo leve se convierta en grave, démosla el protagonismo que bien merece y no contribuyamos a que termine por “desaparecer”.

Google y sus demás compañeros de escena informan, pero no exploran, no preguntan bien y, sobre todo, no tranquilizan. Urgencias salva vidas, pero no sustituye al médico o a la enfermera de Primaria o tu especialista que te conoce y lleva tu caso concreto. Entre uno y otro está el equilibrio: informarse sin alarmarse y consultar donde toca, saber esperar los tiempos, observarse y sobre todo parar a conocerse a uno mismo.

Como enfermera lo veo cada día, y como paciente también lo he vivido. Cuidar la salud no es correr siempre ni buscar miedo en cada signo o síntoma. Es aprender a escuchar el cuerpo, tocarse el pulso, respirar… y saber cuándo es momento de correr y cuándo de esperar.

Cuidar la salud también es aprender a esperar sin miedo… y a no llegar tarde cuando de verdad importa. Es confiar en nuestros profesionales sanitarios, escucharlos y seguir sus recomendaciones de primera mano y no en Dr. Google y Cía.

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TAMARA JIMÉNEZ CARO
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