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Sapere aude

El latinajo del título de mi artículo (“atrévete a saber”) viene a reforzar lo que un filósofo actual proclama: la riqueza de un pueblo no es la economía, sino la cultura y la educación. Emilio Lledó es consciente de la importancia para el presente y sobre todo para el futuro, que tiene el conocimiento y el saber.

Pero un conocimiento preferiblemente amplio, que no solo se centre por ejemplo en el ámbito científico, sino que abarque también las humanidades y viceversa. Muchos especialistas en ciencias adolecen de un desconocimiento de la filosofía o la historia o el arte. Y su especialidad les “cierra” a esa parte de la cultura tan importante que es saber de dónde venimos y de lo que el lenguaje y el espíritu pueden ofrecer a la persona.

Y ahí, en la formación integral de la persona, entra la lectura. En los libros se aprende y se disfruta, se viaja y se sueña. El 23 de abril, todos los que somos lectores y por supuesto los escritores celebramos ese soporte que encierra tanta riqueza. Los grandes avances de la humanidad, según mi humilde criterio, fueron tres acontecimientos clave: el descubrimiento y uso del fuego, la rueda y la escritura. Aprender a leer da una libertad interior, y por supuesto aprender a escribir, los dos avances en el principio del desarrollo del ser humano. Después vendrá interpretar, imaginar, comprender. La expresión oral y la comunicación se completan con la lectura y la escritura.

En mis años docentes, sobre todo hacia el final de mi tiempo en activo, implementé un método de lectoescritura que me funcionó muy bien. Comprobé en la práctica que, sobre todo para los niños y adultos con dificultades, era efectivo porque facilitaba la progresión en el aprendizaje de forma intuitiva y coherente. Empezaba con las letras (primero vocales), luego sílabas, palabras y después frases cortas con sentido, para posteriormente ir ampliando las oraciones. Todo ilustrado con imágenes y aplicando a los ejemplos y actividades propuestas los intereses y gustos de los alumnos, adaptándolos a sus edades. También he comentado a compañeros de profesión y padres que los niños pueden acercarse a la lectura progresivamente y de forma divertida, por supuesto con cuentos, pero también con tebeos. Solía realizar las actividades de cuentacuentos y tener en el aula una biblioteca adaptada al nivel lector de los alumnos, incluyendo a Mortadelo y Filemón, cómics que ayudan a que los alumnos se “enganchen” a leer. Luego está el tema de la familia. Todos los docentes hemos podido constatar que de padres lectores es más fácil que los hijos lo sean. Contar o leer cuentos antes de dormir es de lo más terapéutico y educativo, y une mucho a los padres con los hijos. Y dejar de lado los móviles y las pantallas, porque tocar libros físicos, pasar hojas y subrayar está comprobado científicamente que es una gran actividad mental, igual que escribir a mano.

Los libros son y serán (soy optimista al respecto) valiosos compañeros de vida. Dentro de esas páginas escritas y unidas, hay una ventana a una parte de la realidad, pero también de la fantasía. Que nada ni nadie nos quite los libros ni las ganas de leer.

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MARIA ANTONIA PEREZ GARCIA
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