¿A quién se le cerró la puerta y cayó la bandeja al suelo?
¿A los osos jocosos que insisten en romper, reír y cantar?
¿Al viento que me tumbó en la ermita?
¿A la ladera que espera, la suba y no me deje escapar?
¿A los insectos atados a la piscina? ¿Se funde la terraza de chocolate?
¿Se hundió más la cruz espía en la cerviz de la vieja Calderona?
¿Es que se rasca buscando estrellas y felicidad?
Tal vez sean los perros negros del río perdido o el eco baila entre aviones y el mar.
Somos todos.
Las “Caperucitas” huyen y las bombas de Gaza y Ucrania nunca terminan. Ya no hay campanas pidiendo paz.
O…
¿Crees que los gatos hablan solo entre sí?
¿Que los viejos no son capaces de amar?
¿Que la gente ronca por gusto?
¡Namaste! ¡Despierta!
¿Acaso no oyes la luna creciente haciendo Om escondida detrás de los cirros y el Surya Namaskar?



