Cuando vi que la ola iba a romper en ti, te empujé hacia ella para que no te lanzara contra la enorme roca del absurdo peñasco hundido.
No te gustó y algo te habré explicado. No pasó más nada. Fue una de las tantas ocasiones en nuestras vidas de estar juntos o que estuvimos juntos en la vida sin entender…
A veces pienso en eso y, aunque ya no estás, sigo tratando de convencerte de que no… y te siento mojada y a mi lado.
O de autoengañarme porque hice lo correcto, pero me veo seco, solo y alejado.
De vez en cuando pasaba por ahí y me ponía a esperar que se repitiera todo o algo al menos. Pero no puedo controlar las olas solitarias recién liberadas.
O como ahora, que sé que no iré más a esa playa y solo veo una hormiguita oportunista que salta de la pantalla del celular a mis dedos, a la cara.
Y trato de cuidarla para que no le pase nada cuando llegue la séptima ola de mi sueño y me salpique de nuevo y le explique qué pasó, que yo solo te quería pero no te supe…



