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La tortura de las dos horas en la toalla: ¿existe el corte de digestión?

Ya estamos en julio, y oficialmente el inicio del veraneo: las vacaciones, los campamentos y esas largas tardes en la piscina en las que los minutos no pasan. Con el calorazo, también regresa una de las tradiciones más agrias de nuestra infancia: la tortura de esperar dos horas de reloj en la toalla, sudando de mala gana y mirando el agua con envidia, porque si te metías “te iba a dar un corte de digestión”. Como enfermera, hoy vengo a daros una alegría para empezar las vacaciones: ese corte de digestión, tal y como nos lo contaron de pequeños, no existe. La digestión no se frena mágicamente por tocar el agua; lo que ocurre en realidad es un susto por el cambio brusco de temperatura.

El verdadero culpable de este problema no es lo que tienes en el estómago, sino el cambio brusco de temperatura. Pensadlo un momento: cuando pasamos calor al sol o los peques no paran de correr de un lado a otro, nuestro cuerpo se pone a mil y los vasos sanguíneos se dilatan para liberar calor. Si en ese momento nos tiramos de cabeza al agua fría, el impacto es tan brusco que el cuerpo se asusta y cierra esos vasos de golpe para retener el calor. Esa retirada súbita de la sangre provoca una bajada de tensión radical, mareos y, en el peor de los casos, un desmayo dentro del agua. Es verdad que, si te acabas de comer una paella enorme, el estómago está acaparando mucha sangre y el cuerpo tiene menos margen para reaccionar, pero el detonante es siempre el frío, no la comida. De hecho, te puede pasar exactamente igual estando en ayunas si entras de golpe.

Tips sencillos para disfrutar del agua sin agobios esperando en la toalla:

1. Entra despacio y olvídate del cronómetro: No hace falta mirar el reloj. La clave es ir poco a poco. Da igual si acabas de comer o no, entra al agua despacio y mójate primero las muñecas, la nuca, el pecho y la tripa. Así el cuerpo se adapta sin sustos.

2. Cuidado con las digestiones pesadas: Tras una buena comilona, tu cuerpo está haciendo un esfuerzo extra y está más sensible. Evita los chapuzones bruscos en agua muy fría y no dejes que los niños hagan ejercicio intenso justo después de comer.

3. Aprende a escucharte: El cuerpo es muy sabio y siempre avisa. Si notas escalofríos repentinos, un mareo, náuseas o zumbidos en los oídos mientras te bañas, sal del agua de inmediato.

Disfrutad muchísimo del verano, entrad al agua sin prisa y recordad que el mejor protector en la piscina siempre es el sentido común.

¡Pasad un gran verano! ¡Nos vemos en septiembre!

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TAMARA JIMÉNEZ CARO
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