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La Acampada de la Ilusión

RICARDO (VECINOS Y VECINAS DE BARRIOS Y PUEBLOS DE MADRID POR LA SANIDAD PÚBLICA)

Calor, mucho calor para ser el mes de mayo. Un jueves más y el día que cumplen 5 años de lucha, los Vecinos y Vecinas de la Sanidad se vuelven a concentrar a las puertas de “su” centro de salud.

Hoy hay un secreto a voces en el ambiente. Tras llevar varias semanas preparándolo, esta noche, cuando la policía se haya ido, un grupito se va a meter en el patio que hay donde el servicio de urgencias y van a montar una acampada. Es la tercera vez que lo hacen.

¿Por qué un grupo de jubilados va a hacer una acción como esta? Entre una mezcla de travesura y otra de irresponsabilidad, reflexionan sobre el sentido de la acampada. Hace años que saben que la sanidad por la que lucharon tanto está en peligro. Ellos lo notan en sus carnes: listas de espera para cualquier prueba, citas médicas cada vez más distanciadas, sus médicos de toda la vida no pueden atenderles como quisieran… Y tienen un problema: ellos y ellas no tienen tiempo; no tienen tiempo que perder en listas de espera.

Los políticos dicen que faltan médicos, 500; hace cuatro años desde la Comunidad de Madrid echaron a 600. Dicen que no hay pediatras y que faltan 300. Pero en estos días que viene el papa todos los CAP van a estar abiertos y con equipos completos. “Cuando se quiere, se puede”.

“Por eso vamos a montar la acampada; porque estamos cansados, estamos hartos de sus mentiras”, reflexionan en su asamblea. Mientras, vemos cómo empresarios se llenan los bolsillos con los servicios de la sanidad, millones y millones de euros que se llevan.

“¡Tenemos que hacer algo! ¡No podemos rendirnos!”, grita un jubilado de 92 años en la asamblea. El domingo siguiente, este grupo de luchadoras y luchadores formarán parte de una gran marcha en Madrid, en la Columna Sur, la más numerosa. “¡Hay que llamar la atención de los medios! Vamos adelante con la acampada”.

Al llegar la noche, un grupito decide dar el paso. Los nervios están a flor de piel, recuerda a los nervios del salto de la verja en el Rocío. Hablando bajo, no sé muy bien por qué motivo, comienzan a montar las tiendas de campaña.

—¡A ver, compañeros, me he traído un colchón y la almohada, que si no mañana no hay quien me levante!

—¿Alguien sabe cómo se monta esta maldita tienda de campaña? Hace 30 años que no la montaba.

Las imágenes no recuerdan mucho al inicio de una gran acción revolucionaria, pero se suplen con arrojo y un poquito de inconsciencia. Unas tiendas, una pequeña carpa, unas sillas que han juntado entre unos y otros, y ya está en marcha la Acampada de la Ilusión, porque de eso van sobrados, ilusión no les falta. El objetivo es que venga la prensa y podamos difundir la manifestación del domingo. Muy sencillo: seguir luchando por su sanidad pública. La idea es llegar al sábado por la tarde y que vengan periodistas.

La primera noche pasa sin novedad: cinco intrépidos se quedan a dormir. Una vecina se presenta en la acampada con una tortilla, embutido y unos refrescos: “Esto lo hacemos entre todas o no se hace”. Otros vecinos vienen a charlar un rato y, a la luz de un lumigás, de los antiguos, se van sucediendo conversaciones e intensos debates sobre la sanidad, la política, los ladrones que nos roban la sanidad…

A la mañana siguiente amanece temprano en la Acampada de la Ilusión. Un vecino ha ido a por churros y otra trae un termo con café. El apoyo no falta. En una caja de zapatos decidimos hacer una caja de resistencia para que no falte nada a los acampados. No sé cómo, pero ya hay dinero para aguantar unos días.

Pasan las primeras horas del viernes, y excepto pequeños problemas con un conductor de ambulancias que no se entera de nada y que no entiende que si estamos ahí también es por él, la mañana va evolucionando con normalidad.

—Esta tarde viene la televisión. Nos ha llamado la Agencia EFE, ¿quién les atiende?

A todo esto, aparece una patrulla de policía. Comienzan las conversaciones. A estos viejos luchadores no les asusta un uniforme. Los policías lo saben, hay que negociar.

—La gerencia del centro de salud no quiere que estéis aquí [qué pena, no se enteran].

Por resumir, al cabo de una hora siete furgones de la policía están a las puertas del centro de salud. Qué lástima que no se dedique tanto esfuerzo cuando los manifestantes son de otra ideología política. Han ido llegando vecinas y vecinos al ver lo que ocurría. El gerente, un chico joven de esos que se les ve que se creen con toda la razón del mundo, habla con la policía.

—Tenéis que iros de aquí.

—Hombre, déjennos unas horas, que va a venir la televisión.

—No, os tenéis que ir. Si no os vais, os sacaremos.

—Bueno, pues déjenos estar en la calle aunque sea hasta que venga la televisión.

—De acuerdo, pero luego os vais.

Asunto resuelto: la Acampada de la Ilusión se tiene que levantar, pero hemos arrancado una pequeña victoria: saldremos en la televisión (gerente, no lo conseguiste).

Y hasta aquí la pequeña aventura de un grupo de luchadoras y luchadores. Entre pequeñas sonrisas comenzamos a recoger los trastos. La televisión nos grabó y entrevistó. Los vecinos y vecinas no se rindieron y quedamos en vernos el domingo en la mani. Con nosotros no van a poder así como así. La Acampada de la Ilusión sigue adelante muy pronto.

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