Hace algunos años que leí esta palabra, no recuerdo dónde, pero sí que me dejó aterrorizado, porque supone lograr que el comportamiento humano en sociedad, y fuera de ella, sea algo controlable, manipulable y, por ende, matemáticamente programable por ingenieros sociólogos, mas ya sabemos que los ingenieros están al servicio del sistema económico, sea cual sea éste.
Tengo un amigo que solamente cree en lo demostrable, esto es, en la ciencia, y que por lo tanto no da valor a lo que no se ajuste a una demostración científica. Hay muchas personas así que se ciñen a lo exacto. Nuestro mundo vive actualmente la dictadura de lo matemático y exacto, desechando lo relativo. Empero, yo le respondo a mi amigo que es en virtud a ese lado relativo del mundo donde la paradoja substituye a la lógica y donde, por lo tanto, el amor y el odio (amor-odio) hacia una persona o institución se pueden dar juntos, o cuando unos ven belleza donde otros ven fealdad, o cuando piensas una cosa y luego, sin saber por qué, haces la contraria, lo que hace que la vida sea vivible y que ésta no sea una rígida madrastra que nos obligue siempre a seguir las leyes del único comportamiento posible. Es imposible hacer que el mundo acate nuestros deseos al cien por cien —a veces ni al uno por cien— como si se tratara de una matemática. Debe haber cosas que escapen a nuestro control, cosas que se manifiesten al margen de nuestra comprensión, logrando que la vida sea imprevisible y, con ello, una aventura hermosa.



