En un mundo en el que el aspecto físico se valora tanto, vuelvo a reivindicar dignidad y respeto a todas las personas. Lo que se ve a simple vista, las características externas de cada uno, no debe condicionar en ningún caso el valor del ser humano, digan lo que quieran las redes sociales y la IA.
Lo que debería enriquecernos y admirar en las personas son sus valores éticos, la voluntad, el afán de superación, la solidaridad, la sensibilidad… No entiendo, pues, los criterios que ponen en valor el “envoltorio”, y que se manipule y utilice a las personas; se use, discrimine, abuse incluso, de parte del ser, que además tiene fecha de caducidad.
¡Cuántas personas, por su interés y sus actitudes de superación, serían candidatas a ser jaleadas, homenajeadas, premiadas! Sin embargo, hacen una labor encomiable de forma callada, humilde y responsable. Nunca pondrán sus nombres a un parque, por ejemplo, aunque lo merecerían sin duda. Gracias a este tipo de personas, el mundo es mejor.
Hace unas semanas, estuve visitando el MAN (Museo Arqueológico Nacional), que después de la última remodelación es un excepcional y bello museo, tanto por el continente como por el contenido. Fui con una asociación, en una visita guiada, y una de las socias, profesora de arte jubilada, de forma altruista y desinteresada, nos explicó las salas de la Edad Media. Por cierto, los museos, sobre todo los grandes e importantes que disfrutamos en Madrid, es aconsejable visitarlos en varios días; querer verlos en una sola visita lleva a demasiada información y a saturar.
Esta excepcional guía, que conoce muy bien el MAN y sus entrañas porque ha investigado en él, nos descubrió con explicaciones claras, concisas y muy interesantes, a la par que amenas, un período fascinante de la historia. La hora y media que duró la visita se me pasó volando, me hubiese gustado seguir un poco más de tiempo. Entusiasmada, refresqué unos conocimientos y aprendí otros. Marga, que así se llama, conserva la gran destreza pedagógica de su época en activo y demuestra una gran cultura. Y eso sé identificarlo al haber sido docente.
Todo quedaría en una confidencia que les hago si no fuese por la increíble fuerza de superación y voluntad que demuestra y el coraje que transmite. Está operada de dos tumores cerebrales, que han afectado al movimiento de una parte de su cuerpo, pero gracias a Dios no le han restado un ápice de lucidez y memoria. Iba con una persona que la ayuda a desplazarse, y al pararse a explicar, delante de una vitrina, intentaba mantener el equilibrio, gesticulando incluso. Con su energía vital positiva, da lecciones, no solamente de la historia sino de coraje, ante los desafíos del propio cuerpo, y va con una sonrisa por delante
Ha demostrado cómo afrontar lo que nos ocurre con la mejor actitud posible, seguir dando a los demás información y ejemplo de superación. ¡A cuántos alumnos habrá mostrado lo hermoso del arte y lo curioso del devenir histórico, con lo importante que resulta para posicionarse en la vida!
Yo, personalmente, la condecoraría como profesora y sobre todo como persona auténtica y valiente. ¡Gracias Marga!



