Laura Lastra Asperilla, vecina de Villaverde, ha escrito ‘La niña que quiere ser enfermera’, un cuento basado en una anécdota familiar. Tiene un montón de proyectos más, que nos cuenta en esta entrevista
Laura Lastra Asperilla es vecina de Villaverde “de toda la vida” y auxiliar de enfermería. Un buen día, a raíz de una tarea que el profesor de su hija había encomendado a sus alumnos, escribió un cuento, La niña que quiere ser enfermera (Editorial Rimpompante, 2024). Desde entonces, le ha “cogido el gustillo”, como ella misma confiesa, se ha puesto a escribir y tiene en la recámara un montón de proyectos, en principio enmarcados en la literatura infantil y juvenil, pero sin perder de vista otros géneros. Me lo cuenta mientras tomamos café en una acogedora terracita de su barrio, disfrutando de la tarde villaverdina en una animada charla de la que he extraído esta entrevista que sigue.
Has publicado un bonito cuento: La niña que quiere ser enfermera… Preséntanoslo: ¿qué van a encontrar en él los niños y niñas que abran sus páginas?
Pues el cuento parte de una anécdota familiar, está “basado en hechos reales” [risas]: fuimos al veterinario con mi hija y mi perrito, Silvana y Coco, que tenía una heridita en la patita… Y nada, cuando luego los profesores le preguntaron qué quería ser de mayor, ella dijo que enfermera. Cogimos esa idea, y de ahí surgió el cuento.
¿Habías escrito antes?
No, nada… O al menos no con idea de publicarlo… Eso sí, cuando era pequeña, con 11 o 12 años, sufrí mucho, mucho, bullying, y ahí sí me recogía en el patio donde fuese y escribía para pasar ese rato…. Mi forma de evadirme era inventarme historias, pero no llegaba a más…
¿Y cómo surgió escribir este cuento?
El profesor de primaria de mi niña les hizo escribir un cuento para el Día del Libro. Pero como los niños de cinco años en general aún no suelen tener esa soltura escribiendo, me puse con ello. Entonces dije: “Bueno, vamos a tirar de una anécdota familiar, y a ver qué sale”. Y lo escribí en cinco minutos en el trabajo, mientras que reponíamos el mueblecito que tienen los enfermeros. Cuando lo terminé, lo vio una celadora y me preguntó si lo podía leer. Le dije que sí, lo leyó y me dijo: “Ay, qué bonito, qué tierno…. Espera, que se lo llevo a los demás celadores…”. Total, que lo leyeron y también les gustó. Me preguntaron por qué no lo vendía, y yo: “Pues no sé… Si lo acabo de escribir, aún no me ha dado tiempo a pensarlo mucho…”. Y así salió.

Claro, porque aún no te dedicas a escribir profesionalmente…
No, no… Yo soy auxiliar de enfermería, técnico en farmacia y masajista… Todo tirando a la sanidad… O sea, nada que ver.
¿Y cómo fue lo de editarlo?
Pues busqué en Google “editoriales infantiles”, encontré en la web de la Editorial Rimpompante una opción de “Envía tu manuscrito”, y eso hice. Nada más que lo mandé allí, y les gustó. Me enviaron los presupuestos y me dijeron para 200 libros, pero yo les dije que en principio menos, unos 100 u 80, que creo que al final son los que me mandaron, aparte de los que venden ellos directamente, y allá nos lanzamos.
¿Dónde se puede comprar tu libro?
Se puede comprar en Amazon, en Agapea… En la Casa del Libro y en FNAC también lo puedes comprar, pero bajo pedido, porque no lo suelen tener físico… Parece que se agota, no me da tiempo a verlo… En tiendas solo lo he podido ver de momento en el sur, cuando fui de visita.
Entonces de momento la cosa va bien, ¿no?
Más o menos… Llevo un par de años, y sí, se vende bien…
Eso respecto al libro publicado, pero tienes unos cuantos proyectos más en marcha, ¿verdad?
Sí, éste ha sido el libro de mi hija, y ahora estoy haciendo el de mi hijo… Le he cogido el gustillo [risas]… Es infantil también, de cuatro a siete años… Para ése están haciendo ya los bocetos, que la verdad es que están preciosos, y la salida imagino que será para octubre. Se va a titular Las aventuras de Illidan y Ringo, y parte de otra anécdota familiar en el campo con un perro del que se hizo superamigo mi hijo.
En realidad tengo ya cuatro o cinco libros más escritos, y quiero también escribir otro para la integración de los niños con autismo, pues conozco varios casos y estoy bastante sensibilizada con el tema. Mi objetivo con este proyecto es sensibilizar también a los niños que no tienen autismo, para que entiendan la situación de los que sí. Que hay que tratarlos como al resto de los niños, pero sabiendo por ejemplo que tienen problemas con los ruidos, con la música… Que mismamente el timbre del cole también asusta, o que les cambien sus rutinas… Ése lo tengo todavía dando vueltas en la cabeza, y lo haré.
También tienes en preparación libros para otros públicos…
Sí, tengo varios proyectos más… Tengo una novela mitológica en la que la luz y la sombra están enamorados y a los dioses no les hace ni pizca de gracia. Se llama Proyecto Olimpo. Es que siempre me ha molado mucho la mitología griega… Lo estoy escribiendo, y tengo 14 capítulos ya. Calculo para diciembre tenerlo escrito, cuando cumplo los 40. Es un reto personal que me he marcado, el de haber terminado ya una novela larga a los 40 años. Y como mi cabeza va a mil, tengo también uno de prisión, que es un thriller de terror… Y otro de un hospital abandonado, novela también. De éstos tengo los primeros capítulos, tres o cuatro de cada uno. También otra en la que he metido a mis amigos, pero ésta la he parado de momento, pues es más complicada.
Madre mía, ¿y cómo gestionas lo de escribir varias novelas a la vez?
Bien, porque son distintas… Son como cajones diferentes en los que voy metiendo cosas…. Y como en estos proyectos no tengo prisa, los voy avanzando con calma…
Pregunta casi “obligada” en un periódico de distrito: ¿cómo es tu relación con Villaverde?
Hombre, pues llevo mis 39 años aquí: es mi barrio… Pero qué te puedo decir de mi vida en Villaverde… Pues que voy siempre corriendo: no me da tiempo a fijarme en nada. Me doy cuenta de que cierran las tiendas cuando ya están cerradas… A ver, trabajo en Alcorcón, entonces voy y vengo, y paro poco…
¿Quieres mandar algún mensaje directo a los lectores?
Además de que compren mi libro [risas]… Que les enseñen cosas bonitas a los niños. El “Venga, vamos a leer”, que es importante, porque así aprenden un montón de cosas además de a leer, por ejemplo a pronunciar bien… Leer, inventarse historias, viajar, desarrollar la imaginación… A ver, yo a veces tengo también a mis hijos con pantallas, como todo el mundo, porque necesito tenerles entretenidos para hacer otras cosas, pero luego me los llevo de excursión al campo e inventamos historias con lo que vamos viendo, por ejemplo. Hay que alimentar su imaginación, que es también una necesidad importante.
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