José María Martínez Murillo, pintor, ilustrador y profesor de Dibujo durante 34 años, los últimos ocho en el IES Juan Ramón Jiménez
José María Martínez Murillo es pintor e ilustrador de libros, y durante 34 años se ha dedicado asimismo a la docencia de Dibujo en institutos públicos de la Comunidad de Madrid. Le entrevisto en su estudio tres semanas después de prejubilarse en el IES Juan Ramón Jiménez, donde ha sido homenajeado.
¿Cómo ha sido tu experiencia como profesor?
Ha sido extensa, 34 años… Empecé en un colegio concertado de Ciudad de Los Ángeles, el Nuestra Señora de Gracia, donde estuve un año. Luego entré en la función pública como interino y estuve en unos ocho sitios cubriendo bajas. Al año siguiente me presenté a las oposiciones de profesor de Dibujo y aprobé. Entonces estuve destinado en varios centros hasta que me enviaron a Parla, mi primer destino definitivo, donde trabajé durante 17 años. Después de Parla fui al Instituto San Isidro, el que está en la calle de Toledo, donde pasé un año bastante interesante de docencia y de investigación. De ahí ya me trasladé al IES Juan Ramón Jiménez, en Butarque.
¿Cuándo llegas al JRJ?
En 2017. Era un instituto bastante virgen, solo estaba realizada la primera fase. Todo muy provisional, de hecho en el profesorado éramos muy poquitos definitivos, un 20% o un 15%, el resto eran profesores volantes, con lo cual era muy difícil crear proyectos. A eso hay que añadir las obras. En mi caso, era pasar de estar en un centro con una dotación de aula de dibujo maravillosa, enorme y con material, a no tenerlo y estar en un aula muy pequeñita, llena de mesas de dibujo que realmente no encajaban en ese espacio. Pudimos cambiarnos al aula grande de arriba, y gracias a ello ese año lo pudimos pasar mejor, pero era complejo porque había que trabajar con todo lo que conllevan unas obras en un centro, y la dotación de equipamiento era muy mala. Luego ya se hizo la segunda fase del instituto, y después una tercera, y mientras se fueron dotando poco a poco los departamentos, lo que permitió ir mejorando la calidad de la enseñanza.
En esos años ocurrieron bastantes cosas, han sido muy intensos, por varias razones. La primera, tuvimos un brote de tuberculosis, ya que hubo un contagio en el instituto y se inició un protocolo sanitario alucinante. Sanidad trajo un camión con personal para vacunación y pruebas a todos los estudiantes, todo esto un año o dos antes de la pandemia. Luego vino la propia pandemia, muy dura y muy difícil, aunque también gratificante porque los alumnos nos agradecían mucho nuestra labor. Necesitaban el apoyo del profesorado, yo lo notaba, y mandaba muchos ejercicios para que estuviesen distraídos. Pero fue duro en el sentido laboral: muchos correos a todas horas; la gente no controlaba y los mandaba incluso por la noche o en fin de semana, te aturullaban a correos… Y luego montar una plataforma, meter los contenidos… todo eso fue un aprendizaje bastante complejo para todos, pero fuimos sacando el trabajo adelante. Y después también la vuelta a clase, porque una cosa es trabajar en confinamiento, que era duro, pero dar clase con la mascarilla y estar con la ventana abierta a temperaturas muy bajas no era mejor, viendo a los alumnos que pasaban frío y tú que también pasabas frío. Laboralmente era bastante difícil y bastante duro. Después de la pandemia vino un poco de calma, pero luego llegó Filomena, que ahora lo vemos casi como una anécdota pero realmente no lo fue: también hubo que volver al teletrabajo, ver cómo estaban las instalaciones, si habían sufrido o no por el hielo y la nieve…. Son centros nuevos que hay que ver cómo responden.
En este sentido, otro de los sucesos que he vivido es el 11M, cuando trabajaba en Parla. Esa mañana iba a mi trabajo, y estaba bajando al andén de la estación de Atocha cuando explotó la bomba. Me pilló bajando las escaleras, y todo el estruendo, toda la gente… Esto dentro de mi vida también marcó un antes y un después, porque no solo fue el hecho de la bomba y todo lo que sufrimos todos: esa sensación de vacío que te queda al día siguiente, ese sábado tan tremendo, luego las elecciones, todo lo que ocurrió después… Lo peor fue luego montarse en el tren otra vez, porque casi siempre he ido en transporte público al trabajo, y superar esa especie de fobia también tuvo lo suyo.
Bueno, a lo largo de los años he pasado todas esas catástrofes, pero también he podido realizar muchas actividades muy gratificantes en el Juan Ramón Jiménez. Por ejemplo, desde el Departamento de Lengua se tomó la iniciativa de hacer la actividad del Día del Libro y potenciar todas nuestras energías en ese día, y yo cogí el guante y dije que contasen con nuestra ayuda para hacer cualquier decorado o actividad que tuviera que ver con el dibujo relacionado con el Día del Libro. Entonces cada año se buscaba una temática sobre autores o movimientos artísticos y hacíamos algo. Por ejemplo, hubo un año en el que se hizo sobre Las Sinsombrero, y entonces decoramos todo el instituto con esa temática y se realizó una reivindicación de su papel. Otro año se hizo un homenaje a Almudena Grandes, ya fallecida, que en su momento también nos había visitado, y fue una iniciativa muy bonita en la que se hicieron muchas propuestas artísticas y literarias. Entre ellas a mí se me ocurrió, con aquella polémica que hubo sobre si ponerle o no ponerle su nombre a una calle en Madrid, que nosotros le pusiéramos una calle en el instituto… Y bueno, pues así muchas; hemos hecho muchas cosas con los alumnos.
¿Cómo son los chavales de Villaverde?
Mira, Villaverde tiene una mala fama equivocada… Cuando dices que te ha tocado en este distrito, hay compañeros que te intentan consolar: “Chico, lo siento” [risas]. Es absurdo, porque pronto ves que la realidad no es ésa. Mi realidad ha sido mucho mejor, y de hecho yo no he tenido grandes problemas aquí. En mi experiencia, el de Villaverde es un alumnado bastante bueno, por lo menos en el Juan Ramón Jiménez. Hay un porcentaje bastante alto de interés por estudiar, aprender y superarse.
Has sido el impulsor de que en Villaverde haya Bachillerato de Artes…
Me lo propuse cuando llegué a Villaverde, porque aquí no había ningún Bachillerato de Artes. Tú te vas al Centro, a Carabanchel o a cualquier otro distrito de Madrid y te encuentras que hay tres o cuatro bachilleratos de Artes. Eso a mí me parecía un agravio comparativo con los alumnos de Villaverde. De hecho, yo cuando estaba en el San Isidro recibía alumnos de Villaverde que iban a estudiar allí porque no había en su distrito. Me parecía injusto, así que decidí llevar la propuesta a la directiva y presentarla a la Consejería de Educación. Además tenía alumnos que acababan 4º de la ESO y se encontraban con ese problema: “Me tengo que ir de aquí, me tengo que ir de mi centro, de mi barrio y de mi distrito”… Así que se aprobó en consejo escolar y llevamos la propuesta a la Consejería. Nos contestaron que no había opción, el siguiente año volvimos a presentarlo y no nos contestaron, y al tercer año lo volvimos a pedir y tampoco. ¿Qué pasó? Que teníamos al IES María Goyri Goyri, que como aún no se había hecho su centro estaban con nosotros, con lo cual estábamos todos apiñados y no quedaba espacio para crear el Bachillerato de Artes. Pero al cuarto año ya sí nos lo dieron. Insistiendo, se consiguió.

Las ilustraciones de la Cartografía de la memoria obrera de Villaverde Este son tuyas… ¿Cómo te implicaste en ese precioso proyecto de la A.V. La Unidad de Villaverde Este?
Eso surgió porque un compañero del instituto está en la asociación vecinal, me propuso participar en el proyecto haciendo los dibujos para el catálogo y la cartografía de las fábricas de Villaverde y yo le dije que sí, porque me pareció una buena propuesta. Fui a una reunión, me encantó la gente que estaba implicada y me pareció un proyecto muy interesante, del cual además he aprendido mucho. Porque yo realmente conocía muy poco de las fábricas de Villaverde y ahora soy el fan número uno. De hecho, quiero seguir trabajando sobre esa temática: los dibujos que he hecho han estado muy bien para el catálogo, pero ahora me gustaría llevarlo a mi obra artística; las fábricas que ha habido, las que hay, e incluso pedir alguna autorización para ir a hacer fotografías dentro de los talleres actuales y realmente profundizar. Seguir trabajando a mi forma esa temática, pero también enfocado en Villaverde, y bueno… pues a ver qué surge de ahí.
Claro, tú eres también ilustrador y pintor… Háblanos un poco de esa otra faceta…
Bueno, tengo un estudio, que acabas de conocer, y vengo aquí todas las mañanas a pintar… O las tardes, según vea como me cuadra, pero procuro venir todos los días y la idea es hacer obra para montar una exposición en Madrid. Ya he hecho varias exposiciones fuera, pero me interesaría hacer una en Madrid con esta temática de las fábricas. Y por otro lado, sigo con la Editorial Cátedra, ilustrando libros. Llevamos ya 12 libros publicados, todos enfocados en el ámbito artístico, y haremos más.


