Matilde Montero termina su etapa en el IES San Cristóbal, y consideramos que todos los que hemos trabajado con ella compartimos la sensación de que el instituto pierde muchísimo más que a una profesora. Pierde a una persona que siempre estaba ahí.
Matilde es una docente profundamente implicada con sus alumnos. De las que se preocupan de verdad. Nunca ha tenido esa actitud cómoda de dejar pasar las cosas esperando que se solucionen solas. Siempre atenta a quienes tenía alrededor, ya fueran compañeros o estudiantes, intentando ofrecer ayuda, soluciones o simplemente tender una mano a quien más lo necesitara. Y eso, naturalmente, no ha pasado desapercibido.
Durante estos años se ha involucrado en innumerables actividades del centro: obras de teatro, proyectos culturales y todo tipo de iniciativas. Siempre con ganas de trabajar y con una enorme capacidad para organizar encuentros y sacar adelante propuestas colectivas. Su manera de entender la enseñanza y su relación con el alumnado, basada en el respeto y el cuidado, demuestran que para ella educar nunca ha sido un simple trámite laboral, sino una forma de escucha, de entrega y de compromiso con la sociedad; una verdadera vocación. Solo así se explica que los adolescentes no huyan ni desconecten, sino que permanezcan, participen, se ilusionen y quieran compartir inquietudes formando parte de una comunidad.
Además, Matilde se caracteriza por defender las causas justas y verdaderas. Posee una gran sensibilidad, algo que se refleja tanto en su compromiso social como en su estrecha vinculación con la cultura. Amante de la poesía y practicante de esperanto, presidió el encuentro que tuvo lugar en Soria en 2025. Y es que Matilde, desde sus años de facultad, nunca ha dejado de ser una persona activa, inquieta y comprometida con aquello en lo que cree.
En lo personal, para nosotros ha sido una suerte compartir desdobles y trabajo con ella. Hemos aprendido mucho observándola trabajar, organizar actividades o resolver los problemas cotidianos del día a día. Pero, sobre todo, siempre hemos valorado algo muy importante: nunca dejaba a nadie tirado. Siempre se podía contar con ella.
Su marcha deja un vacío importante en San Cristóbal. Los alumnos pierden a una profesora cercana y entregada. Los que tengan la suerte de coincidir ahora con Matilde, ya sea como alumnos o compañeros, lo comprobarán enseguida. El instituto, y el barrio, desde luego, la van a echar muchísimo de menos.




